carlos's profilenada qué defenderPhotosBlogLists Tools Help

carlos niembro

Interests
silencio
se oye el pulso del mundo como nunca pálido
la tierra acaba de alumbrar un árbol.

nada qué defender

06 September

mientras ella duerme

 

azul el cielo, fría la mañana que llega tranquila, sin prisa ni ruido. la ciudad apenas despierta, se estira un poco y vuelve a meterse bajo su sábana de nubes. bosteza y cierra los ojos nuevamente. caminar sus calles es andar sobre la espalda de una mujer que duerme desnuda y habla entre sueños poblados por el mar que nunca ha visto. aquellos que a estas horas las caminan lo saben y andan como si fueran gatos, solos y guardando un secreto con sus pasos, sin mirarse uno a otra a otro a una porque no tienen ojos para ver algo más que el lugar donde se posará su pie --en esto se distinguen de los gatos, que no tienen ojos para ver sino para ser vistos y se mueven siguiendo misteriosas instrucciones.

11 November

arpa...

arpa, navío

árbol que canta en la voz del viento

vikingo de tiernos ojos fieros

 

arpa

oleaje embravecido entre los dedos de una mujer insondable

como el mar que a veces es.

noche sin astrolabio

tempestad en el puerto cerrado del corazón

sangre que no conduce más que su propia muerte.

sabor a sol, a sal... a sed.

 

arpa: bajo tu sombra arde en hielo mi ansia de naufragio

19 October

la felicidad rabiosa

tiene veintisiete, trabajo, algunos amigos y chicas con quien salir, entre otras cosas, porque no es feo y sabe bailar. sus padres están vivos, divorciados y batallando por darse un nivel de vida aceptable ―leáse, por encima del que alcanza la mayoría de la población en este país―. tiene, como todos tenemos, muchas cualidades y muchos defectos: él se cree inteligente y divertido, pero sabe que es egoísta e indeciso. de un tiempo acá, sus sueños están hechos a la medida de lo que le parece posible y se pregunta cómo llegó a esto, cuando antes sentía que todo lo que quisiera podía ser... así confiaba en sus capacidades.

 

hoy, mientras viajaba en el metro, recordó un chico de veinte años, brincando en un rave a las cuatro de la mañana y con algunas tracas encima. el chico ¿sonreía? eufórico con la mandíbula tiesa y los ojos perdidos, quizá con las pupilas ligeramente dilatadas. luego pensó en la navidad, en que en esas fechas los suicidios aumentan. querer ser feliz a toda costa es una mierda ―pensó―, seguramente cuando todo, incluyendo nosotros mismos, nos exige serlo, no podemos más que darnos cuenta de nuestra propia miseria, de la falta de unión en la familia, de los amigos perdidos por torpeza, de los amores no correspondidos, de que somos unos hijos de puta, de que no tenemos dinero para comprar un regalo que supla el amor que no hemos dado o un nuevo juguete que nos entretenga. lo mismo con los cumpleaños, lo mismo.

 

iba escuchando a café tacuba, con esos audífonos que lo aíslan del mundo, ja, aún más. al llegar a la estación, salió del metro y subió por la escalera fija, lentamente y de dos en dos escalones, para hacer un poco de ejercicio.

22 September

las batallas en el desierto

acabo de terminar un libro alucinante, el hombre que fue jueves. me encontré una frase contundente: como quien despierta de una pesadilla y recuerda que a la mañana será ejecutado.

 

la cotidianidad, lo real, puede ser atroz. la desolación, su música de fondo. y sin embargo, una delgada y sutil fibra, casi invisible, atraviesa las islas del espanto para conducir la diafinidad de la luz. de esa luz que sólo ven los que han sufrido los horrores que las personas podemos procurarnos unas a otras, a veces, incluso, sin darnos cuenta. has de notar que hoy estoy optimista, aunque el cielo se empeñe en helarme el ánimo.

 

ayer, contra toda previsión, una tensa reunión terminó en un encuentro productivo y encontré la complicidad perdida. no he leído las batallas en el desierto, pero la imagen me sugiere alguien que está solo y lucha para no perderse en el laberinto de los laberintos. esas son también mis batallas y a veces una voz me alcanza y mis pasos dejan de trazar círculos en la arena. ayer gané una de esas batallas que tienen lugar sobre el telón de fondo de una guerra perdida, pero que cuando uno gana nadie pierde.

30 August

leer a sabato

Abaddón, el exterminador

Fragmento

"Porque no hay una felicidad absoluta, pensaba. Apenas se nos da en fugaces y frágiles momentos y el arte es una manera de eternizar (de querer eternizar) esos instantes de amor o de éxtasis; y porque todas nuestras esperanzas se convierten tarde o temprano en torpes realidades; porque todos somos frustrados de alguna manera, y si triunfamos en algo fracasamos en otra cosa, por ser la frustración el inevitable destino de todo ser que ha nacido para morir; y porque todos estamos solos o terminamos solos algún día: los amantes sin el amado el padre sin sus hijos o los hijos sin sus padres, y el revolucionario puro ante la triste materialización de aquellos ideales que años atrás defendió con su sufrimiento en medio de atroces torturas; y porque toda la vida es un perpetuo desencuentro, y alguien que encontramos en nuestro camino no lo queremos cuando el nos quiere, o lo queremos cuando ya él no nos quiere, o después de muerto, cuando nuestro amor ya es inútil; y porque nada de lo que fue vuelve a ser, y las cosas y los hombres y los niños no son lo que fueron un día, y nuestra casa de infancia ya no es más la que escondió nuestros tesoros y secretos, y el padre se muere sin habernos comunicado palabras tal vez fundamentales, y cuando lo entendemos ya no está más entre nosotros y no podemos curar sus antiguas tristezas y los viejos desencuentros; y porque el pueblo se ha transformado, y la escuela donde aprendimos a leer ya no tiene aquellas láminas que nos hacían soñar, y los circos han sido desplazados por la televisión, y no hay organitos, y la plaza de infancia es ridículamente pequeña cuando la volvemos a encontrar".

23 August

un rostro que se niega a hablar

para sabato la expresión es la marca que el alma imprime sobre los huesos, la carne, la piel que también somos. en ello estriba que los muertos parezcan no ser quienes fueron en vida: al mirarlos tenemos la vaga, pero rotunda impresión de que son otra cosa.

 

es por eso, también, que nos aterra ver un rostro sin expresión: un rostro inhumano.

 

no son las facciones desfiguradas por la mueca de pavor las que más hondamente perturban nuestro ánimo, si es de noche y sólo estamos con quien las porta, es su rostro vacío, pues la ambigua amenaza de un ruido extraño o una visión incomprensible se corporiza en él —con esa extraña forma de corporizarse que tienen las potencias oscuras: desalojan el alma para habitar el cuerpo con su ausencia—, volviéndolo una puerta por la que no hay que pasar, cuyo otro lado es el otro lado, y que se nos acerca implacable... o implacable nos espera.

 

entiendo ahora el miedo de jorge, cuando teníamos catorce años y una noche, en un rancho de nogales, yo lo miraba sin verlo.

15 August

pescaste las ganas de no pescar

luego de varios intentos en los que el hilo se mantiene inmóvil en la caña, se enreda en el carrete, la carnada se desprende o el anzuelo se te engancha en la playera, logras lanzarlo suficientemente lejos como para que, piensas, una trucha pique. te sientas a esperar.

 

del otro lado del estanque, una familia ―perro incluido, por supuesto― instala su ruidoso día de campo sin preocupación alguna por las negras nubes que se van juntando a tu derecha. otros grupos de improvisados pescadores tampoco parecen prestarles la menor atención, ocupados como están en lanzar sus anzuelos al estanque. Total, si llueve no pasa nada... te dices mientras el hilo permanece inmóvil, ligeramente tenso por el peso del plomo.

 

la imagen del pez prendido del anzuelo te hace recordar al ratón que encontraste muerto en el baño de un cine y que, cogido de la cola, mostraste a tu madre para preguntarle qué era. tenías cuatro años y una novia que esa tarde fue al cine contigo, pero también acompañada por su madre como conviene a las buenas costumbres laguneras. se llamaba griselda y una vez le dijiste a su padre que de grandes vivirían en la luna ―obviamente, ibas a ser astronauta cuando crecieras― y comerían pizzas, ¿qué otra cosa? luego de decirte que un ratón era algo muy sucio, te lavaron las manos con alcohol.

 

a griselda le debes tu primer beso: mucho tiempo después le preguntaste cómo se decía adiós y ella te respondió que eso vendría en su examen de inglés; la corregiste: pasaste tu brazo sobre sus hombros para explicarle que adiós se decía así... y la besaste.

las cosas que uno recuerda cuando está esperando que un pez coja la carnada, sonríes para ti.

 

sonrisa que te dura sólo un instante porque la señora de tu izquierda grita y sostiene con fuerza una caña que se arquea hacia el agua, grita y rebobina el hilo, grita y saca del agua una convulsionante trucha, grita y la arrastra por tierra sin que sus desesperadas contorsiones puedan evitarlo.

 

no alcanzas a ver a dónde la lleva, pero no hace falta. ya tú te estás imaginando que el debilitamiento paulatino de esos movimientos pronto será quietud sólo interrumpida por esporádicos espasmos. imaginando la apertura inusual de unas braqueas que tratan de respiar un medio irrespirable. imaginando un cuerpo frío tendido sobre la tierra y las pocas gotas que quedan sobre su piel ahora seca. imaginando el curvo reflejo de este mundo aéreo en la convexidad de unos ojos que se apagan lentamente sin poder si quiera intentar entender lo que ocurrió. ojos de pescado, como se le dice al gran angular... piensas con ironía.

 

la caña, el hilo, el anzuelo bajo el agua, el pedazo de masa que lo oculta... todo te parece tan atroz; la espera en esa silla, un gesto ligeramente despiadado. rebobinas el hilo, quitas el anzuelo, cubres el plomo con una bola de masa y lo lanzas. tal vez no tengas estómago para presenciar a tus pies la agonía de una trucha, pero te gusta estar ahí esperado que algo pase.

 

 
Photo 1 of 4